miércoles, 17 de diciembre de 2008

Exposición geografía día 17 de diciembre

La cuestión de la Hegemonía tras la derrota del proyecto hegemónico de la Monarquía Hispánica.
Planteamiento historiográfico tradicional: hegemonía europea de Francia desde la Paz de los Pirineos (1659), hegemonía económico-comercial de Holanda en el siglo XVII, enfrentamiento de los modelos político-sociales de Francia y Holanda, equilibrio europeo sustentado por el Reino Unido tras la derrota del proyecto hegemónico de Luís XIV.
"En el norte, en el centro y en el occidente de Europa, el año 1660 señala una nueva era en la historia de Europa. A la hegemonía cultural y política de España en el continente sucederá el predominio de los gustos, la cultura y las armas de Francia. Así cumplióse el espíritu de Westfalia" (Vicens Vices, 1988: 373).
"Holanda impone su supremacía en la economía mundial. Monopoliza el comercio de las colonias, inclusive las de España. Controla las finanzas europeas, da nuevos tipos a la industria, al trabajo, al comercio y a los seguros. Dueños del mar y de una poderosa marina mercante, en posesión de una política económica clara y de una organización comercial eficiente, los holandeses controlan desde el Báltico al Mediterráneo el mercado de productos coloniales y de valores capitalistas (…) En el siglo XVII los ingleses se limitaron a ser sus "concienzudos imitadores". Este es el mayor elogio de la organización económico-finaciera de Holanda." (Vicens Vices, 1988: 505).
"A partir de Aquisgrán, los esfuerzos de Francia se concentran en preparar el aniquilamiento de Holanda. A los motivos territoriales y de política internacional cabe añadir la discrepancia existente entre las concepciones de régimen político interno de la república de los Países Bajos (…) y las de la corte de Luís XIV, inquebrantablemente aferrada a los principios de la monarquía absoluta de derecho divino. Por otra parte, la hostilidad franco-holandesa fue aumentada por la guerra económica declarada por Colbert (…) Holanda se sintió amenazada en su comercio (…) La hegemonía francesa que Luís XIV intenta establecer en Occidente choca con la hostilidad creciente de Europa. Desde 1688, las potencias se coaligan para poner freno a las veleidades imperialistas (…) Poco a poco, Francia ha de ceder terreno, y a través de dos grandes guerras, que forman en realidad una sola lucha, de 1688 a 1713, se ve obligada a reconocer la existencia de un orden internacional europeo que no puede ser vulnerado caprichosamente. El motor de las coaliciones europeas contra Luís XIV es la Inglaterra salida de la revolución de 1689; el objetivo esencial que se debate es el problema sucesoria de la monarquía española." (Vicens Vices, 1988: 418-444).
Comparación entre la teoría de la hegemonía (Wallerstein) y la situación de Francia y las Provincias Unidas tras la derrota definitiva del proyecto hegemónico de la Monarquía Hispánica.
En la definición de hegemonía de Immanuel Wallerstein ésta se caracteriza como una situación de desequilibrio en la rivalidad mantenida entre las grandes potencias. Una de éstas potencias consigue imponer sus reglas y deseos gracias a una base material que consiste básicamente en una mayor eficiencia de las empresas propias en tres áreas socio-económicas (Wallerstein, 2004: 240-248). A continuación vamos a evualuar cuál fue el desarrollo, el progreso de éstas áreas en las Provincias Unidas y Francia en los siglos que siguieron a la derrota definitiva del proyecto hegemónico de la Monarquía Hispánica.


La producción agro-industrial:
Francia: En la agricultura los años posteriores a 1730 constituyeron un periodo de despegue y durante unos cuarenta años se mantuvo el incremento de la prosperidad agrícola, a excepción de las mediocres cosechas de 1739-1741. Se produjo en éstos años una importante mejora de los rendimientos, detectada por los contemporáneos en sus evaluaciones. El límite de 5 a 1 fue rebasado ampliamente en la mayoría de regiones entre 1720 y 1740. El aumento prosiguió a partir de 1750 hasta alcanzar el 6 y el 7 por 1 en los años buenos inmediatamente anteriores al periodo de contracción de 1770-1790. El 5 por 1 (en términos de la media nacional) permitió al campesino duplicar (o casi) su parte de recolección, y poseer, por tanto, un excedente negociable para su venta directa a la ciudad o a los revendedores. Poco a poco el mundo rural comenzó a integrarse en circuitos comerciales cada vez más amplios (Mandrou, 1973: 62-64 ). Sin embargo en los dos decenios anteriores a la Revolución una serie de accidentes meteorológicos trajeron consigo la reaparición de las dificultades estacionales. Durante los tres lustros del reinado de Luís XVI se sucedieron toda suerte de calamidades agrícolas: insuficientes cosechas cerealistas, años vitícolas malos, insólitas sequías… hasta culminar con las pésimas temporadas de 1788 y 1789. Las cargas señoriales y reales se hicieron entonces más pesadas que nunca para los campesinos, en un momento en que los rentistas de la tierra, exasperados por la disminución de sus ingresos, intentaban restaurar todos los títulos (Mandrou, 1973: 68). Por otro lado en Francia la producción artesanal se encontraba encerrada en los reglamentos y organización de un centenar de corporaciones, incapaces de cualquier adaptación tecnológica o comercial. Reforzadas en tiempos de Colbert, sometidas a duras pruebas en el transcurso del siglo XVII por la presión de una demanda más variada y exigente, las corporaciones favorecieron en escasa medida la producción, e impidieron toda innovación (Mandrou, 1973: 23).

Provincias Unidas:
El sector primario. Dos motivos principales están en el origen de la modernización: los importantes excedentes de trigo debido al control holandés del comercio de cereales con el Báltico; y el acelerado proceso de urbanización con la consiguiente demanda de productos agrarios más diversificados. El aumento del nivel de vida y el sofisticado sistema de transportes estimularon asimismo la amplia difusión de la horticultura y el importante desarrollo del consumo de carne o de derivados lácteos favoreció la consolidación de la rica tradición ganadera neerlandesa. (Herrero Sanchez, 1999) En ninguna parte por tanto la horticultura y la ganadería se vieron mejor atendidas que en Holanda (http://www.eumed.net/cursecon/textos/Sieveking/s1.3.htm).
El sector secundario. Después de la revocación del Edicto de Nantes se establecieron en las Provincias Unidas multitud de refugiados protestantes expulsados de Francia, a los cuales no se aplicaron las trabas de la vieja constitución gremial. De ese modo pudieron, sobre el sistema de fondos de comercio, o capital, poner en pie importantes empresas manufactureras, explotaciones basadas en una única localización que facilitaba la vigilancia de los trabajadores. Ya en 1682 el languedociano Pierre Baille había conseguido organizar en Ámsterdam una fábrica de tejidos de 110 telares, lo que nos una da idea del desarrollo que habían alcanzado estas nuevas formas productivas (http://www.eumed.net/cursecon/textos/Sieveking/s1.3.htm). Además el final de la guerra con la Monarquía Hispánica permitió a los comerciantes neerlandeses controlar las cuatro quintas partes de las exportaciones de lana merina española, lo que estimuló el desarrollo de la producción textil (Herrero Sánchez,1999). Leyden y Haarlem se convirtieron en centros de la industria textil de exportación, como en otro tiempo lo fueron Ypres y Gante. Por otro lado los molinos de viento holandeses, empleados para la desecación del país, o como molinos de cereales, aceite y papel, representaron, en el proceso de producción, una inversión de capitales realmente extraordinaria para aquella época (http://www.eumed.net/cursecon/textos/Sieveking/s1.3.htm).
El comercio:
Francia: El espacio económico del capitalismo mercantil francés aumentó de forma considerable a partir de 1680. No obstante, continuaba siendo restringido, pues correspondía a un mercado de poco consumo, de uno a dos millones de personas, repartidas en un espacio geográfico muy extenso. Los comerciantes marselleses mantenían importantes relaciones comerciales, del océano índico a las Antillas, pero estos interminables y peligrosos transportes significaban también cargas económicas demasiado gravosas. La red de relaciones comerciales se redujo a unas pocas ciudades en cuanto los mercaderes dejaron de practicar los grandes tráficos oceánicos, el escaso número de barcos que frecuentaban un puerto de primer orden como Rouen (que mantenía relaciones con Portugal, Inglaterra, los puertos alemanes, Holanda, España y Ultramar) es muy significativo del alcance real que tuvo el comercio centrado en Francia en esta época: 1200 naves a fines del XVII, 2500 un siglo más tarde. Más elocuente aún es la comparación entre el volumen global del comercio exterior (importaciones y exportaciones) y el de la producción agrícola (la evaluación de esta última que presentamos es la de los economistas-historiadores J. Marczewski y J. Toutain, que presenta algunas dificultades de interpretación que dan al cotejo un valor tan sólo aproximativo). A comienzos del siglo XVIII, la proporción sería de 1 a 6: comercio exterior, 215 millones de libras; producción agrícola global, de 1200 a 1300 millones. En los años anteriores a la Revolución, frente a un comercio exterior quintuplicado (más de 1100 millones), la producción agrícola representaba todavía más del doble, con 2600 millones. Para Robert Mandrou "la conclusión es indiscutible. Relativa mediocridad del mercado, a pesar de su gran expansión en el siglo XVIII" (Mandrou, 1973: 20-21 ). En el primer plano de las dificultades para el desarrollo de éste sector económico debemos considerar el encuadramiento institucional de la vida mercantil. La intervención de la Corona, necesaria para hacer frente a las coacciones señoriales impuestas al desarrollo comercial, aumentó hasta llegar a convertirse, a su vez, en un obstáculo. Las compañías comerciales, impulsadas por la Corona desde los tiempos de Enrique IV, son un ejemplo de dicha intervención: reglas del armamento, del reparto de beneficios, puesto de los comerciantes en la gestión de las compañías, composición de los cargamentos (para asegurar el poblamiento de los territorios franceses ultramarinos), distribución de las subvenciones otorgadas por las ciudades… Toda la vida cotidiana del gran comercio transoceánico se hallaba controlada, dirigida por la monarquía, pese a las incesantes protestas de los negociantes a favor de la libertad (Mandrou, 1973: 23-24).




Provincias Unidas: Cálculos tales como los de Colbert, que asignaba a la flota holandesa las tres cuartas partes de la total europea, con 15.000 buques, deben ser considerablemente reducidos según las investigaciones más recientes. De todos modos, a juzgar por ellas, la flota holandesa, que a fines del siglo XV igualaba a la alemana, al terminar el XVI la duplicaba y equivalía a las de Alemania, Francia e Inglaterra juntas; y en los últimos años del siglo XVII contaba con el doble de capacidad que todos los barcos alemanes, ingleses y franceses juntos. La travesía del Báltico ocupaba para los holandeses un lugar muy destacado, las listas de peajes del Sund nos muestran cómo participaban en aquella ruta con un promedio de 2.226 barcos, cerca del 60 % del tráfico total. Frente a los 30 millones de florines anuales del comercio de Amberes en el período de su máximo esplendor, el holandés alcanzó, a mediados del siglo XVII, la cifra anual de 75 a 100 millones (en 1667 Ámsterdam percibió en concepto de permisos, un 2% para la importación y un 1% para la exportación, un millón de florines). Hasta mediados del siglo XVIII no le sobrepasó el comercio exterior inglés. Holanda fue por tanto en el siglo XVII el gran emporio para los sectores productivos de la pesca, los cereales, el vino, la sal, la madera, los materiales de construcción de buques, los tejidos de lana y los productos coloniales (http://www.eumed.net/cursecon/textos/Sieveking/s1.3.htm).




Las finanzas:
Francia: La infradotación bancaria imposibilitaba el drenaje de capitales y su circulación masiva en beneficio de las empresas, muy necesitadas a su vez de un fuerte apoyo financiero; no existían ni grandes bancos ni bolsa activa. Los estudios de L. Demigny muestran el funcionamiento de las relaciones capitalistas que surgían para afrontar éste problema de la falta de respaldo financiero; los armadores meridionales, en pleno siglo XVIII, se veían obligados a vender en una órbita casi exclusivamente familiar las 30 o 40 participaciones que necesitaban. El hecho de que la banca parisiense en 1750 dependiese de un centenar de establecimientos de crédito, en su mayor parte familiares, la mitad de los cuales eran empresas extranjeras establecidas en París, demuestra la debilidad del fondo bancario. Además y sin duda alguna, la experiencia de Law desempeñó un papel nefasto, reconocido unánimemente por los historiadores, y retardó en un siglo la organización francesa del mercado de capitales (Mandrou, 1973: 24-25). Al finalizar el siglo XVII la deuda del Estado francés se elevaba a 100.130.000 libras, mientras que la de Inglaterra no excedía de 17.552.544 libras y la de Holanda de 25.000.000. John Law se ofreció para hacerse cargo de la Deuda pública francesa, transformándola incluso en impulsora de la economía nacional convirtiéndola en medio de circulación. En 1716 el financiero escocés fundó un Banco que emitía billetes y descontaba giros y, al año siguiente, creó la Compagnie d'Occident, a la cual se le confirió el derecho exclusivo al comercio de Luisiana. En 4 de diciembre de 1718 aquel establecimiento bancario fue convertido en Banco del Estado. El sistema de Law llegó a su cúspide cuando el financiero hubo conseguido, no sin la oposición de otros concurrentes, hacer adjudicar a la Compañía el arriendo general de los impuestos, a la par que se hacía cargo del pago de los réditos de la Deuda nacional. En agosto de 1719 la expectación de este negocio había hecho subir las acciones de la Compañía al décuplo de su valor nominal, y la fiebre de la especulación se extendió a todas las clases sociales. Sin embargo cuando billetes y acciones fueron convertidos nuevamente en valores a crédito fijo y los accionistas volvieron a ser rentistas, el capital de circulación en billetes quedó transformado súbitamente en renta ruinosa. En vano los comerciantes extranjeros protestaron por boca de sus gobiernos; la liquidación del papel de Law fue una verdadera bancarrota (http://www.eumed.net/cursecon/textos/Sieveking/s1.4.htm).


Provincias Unidas: En 1609 fue creado el Banco de Ámsterdam, bien dirigido en el siglo XVII, pero que en el siglo XVIII incurrió en los mismos errores en que había caído la Banca italiana, echando mano de los depósitos de la clientela para conceder préstamos secretos al Estado (o a la Compañía de las Indias Orientales). La Compañía de las Indias Orientales fue a su vez un elemento fundamental de las finanzas de las Provincias Unidas. Se constituyó en 1602, siendo la primera gran organización capitalista moderna, el modelo de las futuras sociedades anónimas. En ella, como en la Compañía Nórdica, se fusionaron empresas comerciales y navieras competidoras, las denominadas Voorkompanien. Era, ante todo, una unión de capitales destinada a aumentar el beneficio. A la Compañía de las Indias Orientales se le cedió el derecho exclusivo de comercio entre el extremo meridional de África y América, y en veinte años el valor de sus acciones se triplicó, pagándose anualmente dividendos del 20 al 24%. En 1621, con un capital de 7 millones de florines, se fundó la Compañía de las Indias Occidentales, a imagen y semejanza de la de las Indias Orientales. La nueva empresa supo sacar partido especialmente del contrabando y de la guerra corsaria en la América española. Como consecuencia de la paz con España, en 1648 terminaron los beneficios procedentes de la guerra corsaria, y la Compañía de las Indias Occidentales hubo de limitarse a las islas contrabandistas de las Antillas y Surinam, a lo que se sumó la perdida en 1667 de Nueva Holanda. Aún así lo fundamental es que las acciones de las Compañías de las Indias se constituyeron muy pronto como la base del negocio bursátil que se desarrolló en Ámsterdam a gran escala (http://www.eumed.net/cursecon/textos/Sieveking/s1.3.htm).

Conclusiones
Para entender la diferencia entre los puntos de vista de la historiografía tradicional y el análisis de Wallerstein debemos tener en cuenta que ambos fijan su atención en variables totalmente distintas en función de los criterios en que se basan para definir la hegemonía. Sin embargo, la unión de ambos enfoques puede sernos muy útil para entender el papel de la tercera gran potencia en discordia, Inglaterra (Reino Unido desde 1707). Si Wallerstein pone el énfasis en el predominio holandés es porque su definición de hegemonía tiene muy en cuenta las ventajas competitivas en las tres grandes esferas económicas, y si la historiografía tradicional destaca la enorme potencia político-militar de la Francia del XVII es precisamente porque se centra en esos mismos aspectos, en la demostración del poderío político-militar en los campos de batalla y en los de la diplomacia. Sin embargo fue el Reino Unido la potencia que finalmente consiguió consolidar una hegemonía realmente duradera, sobre una sólida base económica pero apoyada en un Estado nacional coherente. Como señaló Wallerstein en el centro de la economía mundo capitalista se produjo la convergencia de los intereses de varios grupos locales, mientras que las áreas periféricas se caracterizan por grandes divergencias que debilitan al Estado. Si comparamos ésta afirmación con la situación política de Holanda en el siglo XVII, vemos que Manuel Herrero Sánchez ha explicado cómo la relativa estabilidad del régimen político de las Provincias Unidas impidió la necesaria transformación de su estructura administrativa y gubernamental para hacer frente a un exacerbado particularismo, impulsado a su vez por la práctica inexistencia de órganos centralizadores (Herrero Sánchez, 1999). Es decir, a pesar de su enorme potencial económico, las Provincias Unidas siempre carecieron de una estructura estatal centralizadora que pudiera transformarlo, convertirlo en un imperio ultramarino cómo el que construyó Inglaterra. Este imperio ultramarino inglés requería para mantenerse en pie de un fuerte aparato estatal, por ello el predominio inglés o británico señala la época de esplendor del imperialismo de los Estados. Podemos ver así hasta que punto tiene razón David Harvey al indicar la relevancia del papel del Estado para la conservación de los intereses económicos hegemónicos en el capitalismo; Inglaterra, que siguiendo el modelo holandés se había convertido en el taller del mundo, en el gran emporio comercial, hubo de aplicar los modelos de construcción del Estado nacional que con tanto éxito había desarrollado Francia para derrotar el proyecto hegemónico de Napoleón. Fue por tanto la gran heredera y suplantadora de ambos proyectos hegemónicos (el francés y el holandés), y su forma estatal, que une a partir de 1707 el centralismo (representado en la Union Act) con importantes dosis de liberalismo político, es asimismo expresión de los préstamos tomados de las tradiciones políticas de Francia y Holanda.
Bibliografía
Herrero Sánchez, M.(1999): "Las Provincias Unidas y la Monarquía Hispánica (1588-1702)", Madrid, Arco Libros.
Mandrou, R. (1973): "Francia en los siglos XVII y XVIII", Barcelona, Labor.
Eumed.net : El grupo eumed●net es un equipo de investigación especializado en el estudio de las consecuencias económicas y sociales de Internet. Promueve el uso social y educativo de Internet. El grupo eumed●net está reconocido oficialmente por la Junta de Andalucía (SEJ 309) y está localizado en la Facultad de Derecho de la Universidad de Málaga, España.
Vicens Vives, J. (1988): "Historia general moderna: Del Renacimiento a la crisis del siglo XX ", Barcelona, Vicens-Vives.
Wallerstein, I. (2004): "Las tres hegemonías sucesivas en la historia de la economía-mundo capitalista", en Wallerstein, I.: Capitalismo histórico y movimientos antisistémicos. Un análisis de sistemas-mundo. Madrid, Akal, cuestiones de antagonismo, pp. 240-248. [Edición original de 1983: "The Three Instantes of Hegemony in the History of the Capitalist World-System". International Journal of Comparative Sociology XXIV, 1-2:100-108].





1. La federación de comercio se correspondería con la hegemonía que explica Wallerstein, su poder se basa en la economía, el comercio.

2. El senador Palpatine llega a ser emperador tras usar el miedo del senado, representación de todos los planetas de la galaxia, a la federación de comercio. Palpatine actúa de forma parecida a cómo lo hizo EE.UU. frente a los peligros de Alemania o la URSS, promete una paz basada en la concordia entre todos los planetas. Sin embargo, llega un momento en que, una vez convertido en emperador, disuelve el senado, y paralelamente se empieza a construir la estrella de la muerte. Es algo equivalente al unilateralismo y el militarismo de EE.UU. con la administración Bush, ante una perturbación de la fuerza y el ascenso de los rebeldes se recurre a soluciones violentas. Como explica Harvey la demostración de fuerza militar pone de manifiesto la crisis de la hegemonía, no la consolidación de la misma.

3. Por último, para diferenciar lo que supone el Imperio tal y cómo lo explica Negri del papel que juega en él EE.UU., se puede usar una analogía con la diferencia entre Palpatine, el emperador (que actuaría de una manera similar a las agencias capitalistas tal y como las explicaba Arrighi) y el Imperio como estructura de poder que abarca el universo. Palpatine, lo mismo que EE.UU., es un agente primordial en la transformación desde una pluralidad de poderes con una potencia hegemónica basada en lo económico (la federación de comercio en el senado, Alemania o Reino Unido en el siglo XX) al Imperio.

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